No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.Cometí el error de sólo ver Trois Couleurs: Rouge en el cine y dejar las otras dos para la caja tonta; hubiera sido un pasote ver Azul en cine, escuchar la 2ª epístola a los corintios en Dolby Surround; más tonta fui yo.
Aunque este post no trata de la libertad, sino de la fraternidad (tal se supone que es el ideal que defiende Kieslowski en la peli bermellona), y por ello me voy a centrar en ella.
Una piensa que sería políticamente incorrecto hablar de lo sumamente guapa que sale la Jacob; no es sin más guapura de revista, sino belleza de la que conmueve, de la que se prende en tu retina y no se apea.Azul fuera la más impactante de las tres, pero Rojo es la más redonda, casi desde cualquier ángulo: el guión, una fotografía épatante -las tres tienen una gran fotografía, no forzada a la manera de Greenaway, sino al servicio de la cinta- y, para colmo, a Jean-Louis Trintignant.



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