19.6.06

Ginebra, Irène Jacob, Rojo

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Cometí el error de sólo ver Trois Couleurs: Rouge en el cine y dejar las otras dos para la caja tonta; hubiera sido un pasote ver Azul en cine, escuchar la 2ª epístola a los corintios en Dolby Surround; más tonta fui yo.

Aunque este post no trata de la libertad, sino de la fraternidad (tal se supone que es el ideal que defiende Kieslowski en la peli bermellona), y por ello me voy a centrar en ella.

Una piensa que sería políticamente incorrecto hablar de lo sumamente guapa que sale la Jacob; no es sin más guapura de revista, sino belleza de la que conmueve, de la que se prende en tu retina y no se apea.
Kieslowski no es grandilocuente: no saca la Ginebra turística, ni a la supuesta mujer 10 del año, sino a una mujer real, con un tabique nasal que se sale del canon, pero que se conmueve con el destino de un perro, con un juez que, por su parte, no parece apiadarse de nadie porque una vez le rompieron el corazón.
Puede que Azul fuera la más impactante de las tres, pero Rojo es la más redonda, casi desde cualquier ángulo: el guión, una fotografía épatante -las tres tienen una gran fotografía, no forzada a la manera de Greenaway, sino al servicio de la cinta- y, para colmo, a Jean-Louis Trintignant.