El cine tiene que ver con el entretenimiento, y, dentro de los géneros, el de la comedia tiene cierta preeminencia, entre otras cosas porque para amargarse ya está la vida. Sin embargo, cuando les añadimos adjetivo, los resultados suelen ser diversos, y no siempre buenos. He aquí un breve inventario de los diversos tipos de comedia que pululan por nuestras pantallas, grandes y chicas:
- Comedia hormonada. Sólo tiene gracia cuando tienes entre trece y quince años. Un clásico de este tipo es la saga Porky's o American Pie. Se distingue por guiones por demás absurdos (como la de La chica de al lado, sobre una estrella porno que se hace vecina de un adolescente perdedor y con granos), chicas con poca ropa, vocabulario procaz y relativo al sexo, y sólo pueden verse con coetáneos, nunca con tus padres. Este tipo de pelis es eterno, porque siempre habrá adolescentes.
- Comedia romántica. En realidad, sólo es comedia porque suele acabar bien, pero por lo general sólo contiene uno o dos chistes a lo largo de la cinta, y no siempre tienen gracia. Sin embargo, hay honrosas excepciones, como Cuando Harry encontró a Sally o incluso Cuatro bodas y un funeral. Suelen estar protagonizados por Meg Ryan o Julia Roberts, quienes, por cierto, me ponen negra.
- Comedia de acción, en la variante cachitas que hace gracia (las de Chuachenéguer, por ejemplo) o en la variante patoso se mete en berenjenal, donde Martin Lawrence, con esa gracia inexistente que Dios le dio, hace el tonto durante dos horas a seis euros la entrada. Las odio, ¿se nota?
- Comedias que parodian otras películas. Los Zucker-Abrahams iniciaron este tipo con Aterriza como puedas, Hot Shots, Top secret o incluso Baseketball. Hay que tener cierto ánimo para verlas, y tener en cuenta que no todas tienen la misma gracia.
- Comedias inteligentes. Hoy se hacen pocas, pero clásicas hay un montón: Historias de Filadelfia es un precioso ejemplo de ello. Yo incluiría aquí las de Woody Allen, al menos las primeras y aquellas en las que no homenajea a Ingmar Bergman.
- Comedias involuntarias. Éstas se dan la mano con la tragedia: cuando los efectos son un desastre, la trama una memez sin paliativos y los actores pedazos de carne con ojos, cuando, en definitiva se busca otro género y se encuentra la comedia, para horror del productor...


2 comentarios:
Leyendo su post se me vino a la mente una comedia, y no supe donde meterla.
"Los Rompebodas" o cualquiera de la gama Stiller-Ferrell-Carrell-Sandler
Sólo porque la vi en estos días, jeje
En el género de comedias involuntarias hay que mencionar los ilustres ejemplos que ha aportado el cine mexicano. Dejando de lado cualquier culebrón (un poema de humor involuntario cada uno de ellos), están las maravillosas aventuras del Santo (hilarante duchándose con máscara) o las del célebre Juan Orol, autor de pelis de gángsters en las que la continuidad fallaba de forma deplorable. Eso de que en un plano el prota tenía corbata oscura y lisa en el siguiente clara con lunares. Sé de buena tinta que tales chapuzas concitaron elogios de sesudos críticos gálicos, que encontraron en ellos una bien asimilidada influencia buñueliano-surrealista. Pero tal vez el mejor plano involuntario de Orol ocurre cuando una chica rescata a un bebé abandonado de una papelera... con el Monumento a la Revolución como telón de fondo.
Para saber más, cualquier crónica de Don Carlos Monsiváis...
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