22.6.06

El cine como herramienta de reclutamiento

No sé si habéis visto un capítulo de Los Simpson en que forman un grupo de música auspiciado por la Marina para, mediante una canción con texto subliminal, conseguir que la gente se alistara al citado cuerpo del ejército gringo.

Sin embargo, en el cine ya se había tanteado el tema propagandístico -más o menos patrocinado- para tal fin. No citaré El triunfo de la voluntad de Leni Riefensthal, claro ejemplo de lo que ocurre cuando una herramienta propagandística mayúscula se une con una buena cineasta, sino dos pelis que, entre unas cosas y otras, todo el mundo ha podido ver en un momento dado: Cateto a babor y Top gun.
Cateto a babor se iba a llamar La marina te llama, y es un remake de Recluta con niño. Cuenta las andanzas de Miguel Cañete (Alfredo Landa), un labriego que recibe una citación para presentarse a la comandancia de Marina en San Fernando (Cádiz), con el agravante de que tiene un hermano pequeño que debe cuidar y que no quiere quedarse en los distintos alojamientos que el atribulado recluta le encuentra.
Por azares, acaba dejándolo en casa de El tigre de San Fernando, nombre boxeístico con el que se conoce a su particular chusquero, el sargento que lo arresta todos los domingos. El inflexible sargento tiene una hija ciega, de la que se enamora Cañete -no podía ser de otra manera- y que se lleva de perlas con el nene, que se llama Quique. El final está cantado: operan a la chica con éxito, y se presume que se casará con Miguel Cañete, que, por su parte, da todo por la Marina, llegando a reengancharse. Conmovedora. Os lo diré yo, que a los diez años la veía casi todos los días.
Top gun, como mínimo, cuenta con más presupuesto, pero me pone mucho más de los nervios. Una academia de élite de la US Air Force -supongo, porque va de avioncitos-, donde se alista una panda de campeones machotes de la muerte. Para más inri, la instructora está de buen ver -no podía tener pinta de amargada empollona, no- y el machote del Cruise se lía con ella. Al final, escena heroica, mucha moto y mucha felicidad.
Estos dos planteamientos no están tan lejos. A pesar de lo que se pueda ver a simple vista (Cañete viendo dónde encasqueta al niño, Maverick viendo quién la tiene más grande en el barracón), te venden esa moto de que en el ejército triunfarás, aunque seas tremendo paleto, aunque creas que los hay mejores que tú, o que no superarás la imagen sobrevalorada que tienes de tu padre fallecido en combate.

No sé el grado de éxito que tuvo Cateto a babor a la hora de reclutar gente, pero Hollywood de vez en cuando saca un bodrio de éstos (como la de la teniente O'Neill, también para mear y no echar gota) con un argumento espurio en el que realmente importa la valía del soldado y la escena de acción militar para enganchar a los últimos indecisos, y en la que al final el protagonista, que había sido puesto en duda durante toda la maldita peli, se pone a bien con todos sus detractores.

Si tengo que dar una opinión, el cine es un asco cuando no está al servicio de sí mismo. Amén.

19.6.06

Ginebra, Irène Jacob, Rojo

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Cometí el error de sólo ver Trois Couleurs: Rouge en el cine y dejar las otras dos para la caja tonta; hubiera sido un pasote ver Azul en cine, escuchar la 2ª epístola a los corintios en Dolby Surround; más tonta fui yo.

Aunque este post no trata de la libertad, sino de la fraternidad (tal se supone que es el ideal que defiende Kieslowski en la peli bermellona), y por ello me voy a centrar en ella.

Una piensa que sería políticamente incorrecto hablar de lo sumamente guapa que sale la Jacob; no es sin más guapura de revista, sino belleza de la que conmueve, de la que se prende en tu retina y no se apea.
Kieslowski no es grandilocuente: no saca la Ginebra turística, ni a la supuesta mujer 10 del año, sino a una mujer real, con un tabique nasal que se sale del canon, pero que se conmueve con el destino de un perro, con un juez que, por su parte, no parece apiadarse de nadie porque una vez le rompieron el corazón.
Puede que Azul fuera la más impactante de las tres, pero Rojo es la más redonda, casi desde cualquier ángulo: el guión, una fotografía épatante -las tres tienen una gran fotografía, no forzada a la manera de Greenaway, sino al servicio de la cinta- y, para colmo, a Jean-Louis Trintignant.

4.6.06

La profecía, otro remake hecho a lo tonto

Mis habituales lo sabéis: detesto los remakes, máxime cuando no aportan nada nuevo. ¿Que en qué me baso, si no la he visto?
Lee Remick, la primera y aterrorizada mamá de Demian.
Vi la de 1976 en esa edad a la que te gustan las pelis de miedo, y, viendo escenas del trailer o el cartel de la peli, calcadas del original (la caída de la madre es tal cual en la versión de 2006), una se mosquea y se queja del derroche innecesario de celuloide, con la de ideas originales e interesantes -y nada comerciales- que pulularán por esos mundos de dios...
Con el debido respeto a Liev Schreiber y a Julia Stiles, ¿van a enmendar la plana a Gregory Peck y Lee Remick? Directores y productores, ¿van a llenar el filme de efectos especiales para asustarnos más? La fuerza de la versión antigua fue que te asustaba en la parquedad, sin necesidad de Photoshop.
Pero mientras nos empeñemos en llenar las películas con efectos y no con buenos guiones, tiraremos de viejas cintas con actores parecidos y muchos muchos efectos por ordenador, y lo seguiremos llamando cine.
La mamá de Demian, treinta años después...