22.8.06

El montaje del director (director's cut)

Creo que fue Ridley Scott el que abrió la brecha de los montajes del director, cuando sacó -gracias a su distribuidora- el montaje que él hubiera querido para su obra maestra Blade runner: en este caso, la película cobró un nuevo sentido que no tenía antes, por lo que el cambio sí tuvo en sentido, pero muchos vieron un filón (en concepto de derechos de autor, entre otras cosas, supongo) y se lanzaron a sacar escenas extra o mejoras de las mismas (o de sus efectos especiales) a mansalva.

Supongo que se vio que ni era tanto negocio ni realmente las películas ganaban en calidad el día que Giuseppe Tornatore sacó el montaje del director de Cinema Paradiso, una de las pelis favoritas de ésta que escribe: alguien se debió de dar cuenta de que a las pelis redondas no hay que añadirles escenas, porque lo más probable es que las estropees irreversiblemente.

17.8.06

De puntillas por los musicales

Comenta Jesse que no hablo de musicales (bueno, apenas); a mí me gustaría hablar de grandes joyas como My fair lady, Cantando bajo la lluvia o West Side Story, que es de lo mejor, sin paliativos, que ha dado el género (aunque Bob Fosse bordó Cabaret, de la que sí he hablado). Pero es que me entra una especie de modestia cuando me planteo hablar de las tres citadas obras de arte. Así que voy a pasar de puntillas por encima...

1. My fair lady
Está basada en Pigmalión, de George Bernard Shaw. En ella, el caballero Henry Higgins (Rex Harrison) se propone hacer una dama de la florera cockney Eliza Doolittle (Audrey Hepburn, que lo hace tan sumamente bien, que habría que poner su nombre en versales). Por si estos nombres no le dicen nada, recuerde que es de George Cukor. Si la gran Audrey no ganó el Oscar, fue por una futilidad: la doblaban al cantar. Como curiosidad, se lo dieron a Julie Andrews por Mary Poppins: Julie sí cantaba, pero no es, ni de lejos, tan buena actriz.
Una de las escenas más recordadas de esta peli es la de Ascot, que ha sido torpemente copiada en Pretty Woman e insinuada en Evita, de Alan Parker (aunque creo que sin caballos).

Las canciones son conocidas e, incluso para los no-flipados de los musicales, no estorban.

2. Cantando bajo la lluvia
Éste es, a mi juicio, el mejor musical de la historia. Es de ésos que captan al espectador y no lo sueltan. Claro que, principalmente, es culpa de Gene Kelly (de acuerdo, Stanley Donen no estaba de florero).
En 1927, El cantor de jazz revolucionó el cine: era la primera película sonora. El hecho de que los personajes hablen y que la música no la ponga un pianista al fondo de la sala nos parece hoy cotidiano, pero entonces supuso una crisis en Hollywood -que es donde más se ha tratado el tema- y dio lugar a El crepúsculo de los dioses o ésta.
Una gran estrella está a punto de desaparecer, tan pronto se descubra que tiene una voz horrible; Don Lockwood, Cosmo Brown y Kathy Selden llegarán al rescate entre números musicales cautivadores (el de Good morning es célebre), logrando esa maravilla única paraguas en mano que da nombre a la peli.

La única pega se la pongo al número final, que a mi juicio se alarga demasiado, aunque Cyd Charisse disuadiría a cualquiera.

3. West Side Story
Hablé de esta película -también de puntillas, como ahora- cuando dediqué aquel post a las adaptaciones de Romeo y Julieta, pero me seguía sintiendo incómoda, porque esta película merece más atención... y yo sigo sin dársela.
West Side Story rompe una convención del musical que luego se ha dado más a menudo: el final feliz. También entra en la era del color lisérgico (a pesar de ser de 1961) que tanto abundó en los sesenta, no sólo por la psicodelia, sino por las nuevas técnicas que se iban incorporando al Séptimo Arte.
Esta revisión de Romeo y Julieta con gringuitos y portorriqueños presenta aportaciones y traslaciones interesantes (fray Lorenzo es Doc, el jefe de Tony; la escena en la que los Montescos se pitorrean del ama ya no es al principio, sino cuando la tragedia ya se masca hacía rato; el príncipe no destierra, sino que es un poli que directamente quiere a los morenos fuera, bien lejos). Y también aporta la estupenda música de Bernstein, que roza el virtuosismo en el Quintet previo a la pelea (tema de tonight a cinco voces; no me refiero a cinco gargantas, sino intereses: románticos de Tony y María, lujuriosos de Anita y manifiestamente broncas de Jets y Sharks), pero que es más recordado por María o América -me encanta el número de la azotea-.

Es una película, ya lo he dicho, que puedo ver -y he visto- veces y veces, pero parece que nunca juntaré arrestos para hablar de ella largo y tendido en 24 por segundo...

8.8.06

El perfume de Yvonne

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Aunque según el cartel uno afirma que es la mejor película que vio ese verano, si no ese año, yo no puedo decir lo mismo: recuerda mucho a otras películas que ya hemos visto, con otros actores, en otras localizaciones. Pero el resto, personajes, situaciones, es muy parecido.

Es la vieja historia de chico conoce chica, se enamoran -o se encoñan, más bien: el amor es una excusa- el tío se pilla de más, ella es una fatua y un poco comehombres y tienen una alcahueta que es un hombre mayor que va por la otra acera, y está narrada en flash-back. ¿Os recuerda a alguna que ya hayáis visto?
Lo mejor: La escena del concurso de coche + gachí; el perro con saudade (o melancolía portuguesa); la dirección artística y la banda sonora (dos de los puntos fuertes de Laconte).

Lo peor: Lo previsible de la historia.

6.8.06

El castillo ambulante

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Antes de nada, y por vuestro bien, espero que no tengáis prejuicios contra las películas de dibujos animados, porque en este caso os perderíais una de calidad.
Sophie es la huérfana de un sombrerero que, por azares, topa con Howl, habitante -dueño- del castillo ambulante. La noticia llega hasta la Bruja del Páramo, a la que encanta robar el corazón de jovencitos, y que le echa una maldición con recado para Howl, y la convierte en nonagenaria. Sophie parte en busca de Howl y su castillo pidiendo ayuda, pero no cuenta con que es ella quien pondrá orden -y no sólo en sentido físico y literal- en el castillo y en sus habitantes.
Me gustó mucho que sacara dos de mis fantasías infantiles: una puerta que da a distintos sitios y la posibilidad de que una estancia se convierta en otra por arte de birlibirloque, todo ello sin faltar al espíritu de la historia.

En uno de los extras del DVD el director, Hayao Miyazaki (autor de El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o Porco Rosso entre otras dieciocho además de ésta), visita Pixar, y Lasseter, ampliamente honrado con su presencia, dice una cosa con la que estoy de acuerdo: generalmente, en una película hay una, dos ideas nuevas. Miyazaki presenta multitud de ellas. Todo ello, dicho sea de paso, con una presentación exquisita. Me dejó tan maravillada como sólo las buenas películas pueden. Que el dibujo animado no os des-anime*.

* Es un chiste malo en un buen calambur: el anime es el dibujo animado japonés.

1.8.06

Mejor imposible (As good as it gets, 1997)

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
En la lista de comedias inteligentes del anterior post, bien habría podido incluir ésta de la que os voy a hablar hoy, Mejor imposible. El protagonista es Melvin Udall (Jack Nicholson), un escritor de éxito con un transtorno obsesivo compulsivo (TOC) que lo convierte en alguien alérgico a cualquier cambio: cualquier cosa que afecte sus hábitos, principalmente los higiénicos, lo pone de los nervios y terriblemente agresivo. Viendo esto, una piensa que Jack Nicholson, el bueno de Jack, él solito, ha interpretado medio vademécum de salud mental a lo largo de su carrera...
Su esterilizada vida cambia cuando empieza a interaccionar -a regañadientes, vale- con su vecino Simon Bishop (Greg Kinnear) y, sobre todo, con su perro, Verdell; no hay mayor enemigo del cambio que el miedo al mismo, y, para evitar que su vida cambie, Melvin, a lo tonto, va cambiando sus hábitos (hasta el punto de pagar un médico al hijo de la camarera para que ésta no falte al trabajo y lo atienda) y profundizando en sus relaciones tanto con Simon Bishop como con la camarera Carol Connelly (Helen Hunt), librándose de toda la coraza que lo convertía en un perfecto imbécil para ser una persona que sorprenda a quienes lo conocían como un monstruito.
Esto, que en clave de drama hubiera sido un correr de pañuelos, se convierte en un filme tremendamente inteligente, añadiendo la ventaja de tres actores en estado de gracia (que no han vuelto a tener tanto acierto ni un papel tan goloso desde que rodaron la que nos ocupa) y una de esas comedias que, sin duda, resistirá más que estoicamente el implacable paso del tiempo.