30.9.06

Tener y no tener

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Lo malo de algunos clásicos es que lo son tanto y aglutinan tanto talento, que te da como vergüenza criticarlos: éste es un claro ejemplo.
Porque si lo miras bien, está basada en una historia de Ernest Hemingway (aunque servidora lo considera más un mito que un buen escritor, si descontamos un par de cuentos) que, fue, por cierto, recortada (en el libro se ve por qué se llama así, en la peli no ves los desposeidos directamente aludidos por ninguna parte); el guión lo escribió un tal William Faulkner, por el que servidora siente verdadera devoción (al menos simpática, desde que vio Amanece, que no es poco); está dirigida por Howard Hawks, uno de los grandes de la etapa dorada. ¿No es suficiente con esto?
No, en realidad no. Porque, a pesar de todo el talento tras la cámara, la verdadera fuerza reside en el dúo protagonista, en la enorme química sexual entre Bogie y Lauren Bacall.
Hasta el punto de que trascendió la pantalla y los convirtió en una de las parejas entrañables, dentro y fuera de la pantalla, de la etapa dorada de Hollywood.
Y tampoco, porque, si descartas la citada tensión sexual, es una versión caribeña de Casablanca: colonia francesa durante la ocupación nazi; el personaje de Bogie está desencantado de todo, pero no es precisamente afín a las fuerzas de ocupación; para colmo, hay un combatiente antinazi que llega allí con una mujer (y, como curiosidad, en un principio pensaban liar a Bogie con la mujer del combatiente) y que debe salir para salvar al mundo. Ah, y gran parte de la acción transcurre en el bar de un hotel. Un constante déja vu en el que los puntos fuertes son la presencia de la Bacall y las morcillas: todas las grandes frases de la película las improvisaron los actores. De alguna manera, es lo que más se recuerda de Tener y no tener: las frases puras, la presencia de Lauren, la química que tiene con Bogie. No se habla de otra cosa cuando uno se acuerda de esta peli, ¿o sí?

25.9.06

Reconocimientos

El faranduleo y la pantalla da para todo: para grandes reconocimientos y para boutades admirables por lo impensables.

De lo primero dan fe en el festival de San Sebastián, donde han premiado al versátil Max Von Sydow por su carrerón.
Humilde y agradecido, se lo ha dedicado a los que no han tenido su enorme suerte de tener no ya grandes papeles, sino la enorme oportunidad de trabajar de eso, de lo suyo.
Una de las escenas favoritas de Woody Allen: años más tarde la parodió y fichó al chico de la derecha, que ya no era tan joven y estaba a color...
Yo lo recuerdo como impagable haciendo el artista eremita de Hannah y sus hermanas, pero cada cual tendrá su recuerdo de Von Sydow, y ninguno se equivocará, qué queréis que os diga.

De lo segundo hablan aquí: han votado a Keira Knightley, que es muy mona y hace su trabajo de forma digna, como la mayor estrella de Hollywood. Para saber detalles, leed la noticia. La encuesta parece hecha por Yahoo, o sea, igualito que votado con el móvil.

11.9.06

Corleone

No leer si no se han visto y se está interesado en verlas: puede contener algunos spoilers.
Obviamente, hablamos de Michael. Vito fue importante, pero la trilogía habla de Michael. Lo dejo dicho por si las dudas. Concretamente, habla de su tragedia. Él no quería convertirse en lo que fue, pero los acontecimientos lo obligaron.
Don Vito Andolini de Corleone.
Lo vemos en la boda de su hermana vestido como un héroe de la Segunda Guerra Mundial junto a una chica protestante muy mona, Kay Adams (Diane Keaton), contándole que él no como su familia, no quiere ser como su familia. Mientras, su padre atiende algunos negocios, hace ofertas irrechazables poco antes de unirse a la boda.
No, Michael no quería, pero si intentan matar a su padre, no se iba a quedar de brazos cruzados, algo tenía que hacer: impasible, con una frialdad pavorosa, urde una venganza que lo mantendrá escondido en Sicilia una temporada: medidas que Sonny (James Caan) es demasiado apasionado para tomar y Fredo (John Cazale) digamos... inadecuado para concebir. Cuando vuelve, es otra persona, más duro (ha perdido a Apollonia, su fugaz primera mujer, en un atentado con coche bomba) y con los arrestos para tomar el cargo de la familia, en la que Don Vito queda como consigliere y Tom Hagen (Robert Duvall) sigue siendo el abogado. Sonny ya no está (fue acribillado en un peaje) y Fredo está en Las Vegas, supongo que porque en Nueva York molesta. Sólo puede ser él.

Años más tarde, en Nevada, Corleone quiere conseguir el hito marcado por su padre: hacer de los Corleone una familia respetable, estando, eso sí, él en la cumbre. Pero el poder es muy goloso, y todo el mundo quiere un poco. Incluido Fredo, al que nunca vieron madera de mafioso. Hace tratos con un adversario (por ser discretos) de Michael, y éste lo descubre. La suerte de Fredo será el camino a los infiernos de Michael. No quiere, es obvio que no quiere, pero debe, porque la Familia es más que la familia. Desde el momento en que descubre en Cuba que Fredo se la ha pegado quiere estar lejos de él, como para no empatizar con la víctima. Le avisa: me has roto el corazón. Luego le impide que pise su casa, ¿prohibición o penitencia autoimpuesta? No quiere estar en la misma habitación, pero prohíbe que le ocurra nada mientras viva su madre. En el velatorio de ésta Fredo pide verlo. Un abrazo muy expresivo, como despidiéndose, como aguantándose, enfadado en parte con Fredo porque si no hubiera hecho el memo, ahora no tendría que eliminarlo; enfadado consigo mismo por tener que ser prolijo, ¿no hay otra manera? Aquí no la hay...

Pasan los años, los niños crecen y Michael es todo un prohombre que quiere dejar la mafia (más bien los manejos turbulentos) y parecer un hombre respetable tapando en parte el agujero financiero del Vaticano a cambio de participar en su inmobiliaria.
Las familias neoyorquinas quieren parte del pastel, y la cosa tiene pinta de convertirse en una merienda de negros. Para más inri, aparece un hijo que Sonny le hizo a una de las damas de honor de su hermana: Vincenzo. Tiene el mismo temperamento de Santino: explosivo; vamos, ideal para un Don de la mafia.
Simplemente, Michael.
Vincenzo tiene que oír de su tío lo que su padre oyó de Don Vito: no dejes que los extraños sepan lo que piensas. Treinta años más tarde, parece que Michael no ha aprendido nada: el que te proponga hablar con la otra parte, es el traidor, le había dicho su padre poco antes de morir. El día del entierro de Vito Andolini de Corleone Tessio dejó claro que era el traidor. ¿Por qué en 1979 Michael cree que Altobello, padrino de su hermana Connie, por más señas, va de buena fe? ¿Y quién está detrás de él? Eso lo sabremos en Sicilia, donde Vincenzo llega a Don y Michael se da cuenta de todos los manejos, de todo lo que ha perdido, incluyendo a su hija...

Fuera de los detalles argumentales, debo decir que la primera es mi preferida de las tres: la más redonda y la más sutil. Confía en la inteligencia del espectador y le regala escenas sutiles (Michael y Kay van a tomar una copa juntos como símbolo de reconciliación, Michael no es tan malo y todo aquello; Kay se va a preparar la copa y de lejos vemos, nosotros y ella, cómo a Michael, al Don le besan la mano. Comprendemos, nosotros y ella) y otras escenas inclasificables, delicadas. Mis favoritas:
  • el cortejo en Sicilia, cuando Michael inicia el acercamiento a Apollonia, tras quedarse deslumbrado al verla. Sutil como la seda.
  • El momento en que Tom Hagen (Robert Duvall es esencial en la trilogía, su ausencia en la tercera se nota) tiene que dar a Don Vito la noticia de la muerte de Sonny. Brando y Hagen tienen un tête-a-tête que es oro molido.
  • La escena en la que Don Vito llora la muerte de Sonny en el depósito. Sabes que tanto Santino como Vito son dos cabronazos, pero Brando conmueve.
  • La muerte de Vito Corleone. Vemos a un anciano que, a pesar de sus crímenes, juega con su nieto, (bueno, primero le da un susto que para qué las prisas), lo manda a regar y muere en el jardín mientras el niño, Tony, pasa por entre las plantas, regando, ajeno a lo que pasa.
  • El montaje final, tan cínico: Michael renuncia a Satanás en nombre de su ahijado, mientras en el suyo propio sus sicarios matan a sus enemigos. Renuncio a Satanás y a sus obras, Moe Greene disparado en el ojo. Pero no en plan lúdico festivo, como lo haría Tarantino y, sobre todo, sus copiadores, sino con la gravedad de una ceremonia.
La segunda tiene el aliciente de la historia del joven Vito, que es Robert de Niro, que está contenido como pocas veces (Brando marcó la línea de actuación, es cierto, pero de Niro, cuando se pone, hasta imita el dialecto siciliano, como es el caso). La otra es la relación entre Michael y Fredo, que tiene parte de la magia de la primera, que no, aunque tuviera más Oscars (quizás no tuvo frente a sí Cabaret en el Dorothy Chandler Pavilion).

La tercera es un tremendo error de reparto. Para empezar, Robert Duvall pidió aumento de caché, y prefirieron matar al personaje. Adiós a la contención. El Pacino exagerado que se había contenido en las otras dos reaparece aquí. Viva la sobreactuación.
¿Dónde está Tom Hagen en la tercera?
Quizás para suplir el gran error de Coppola al meter a la pobre Sofia, su hija, que fue denostada por toda la crítica por, sencillamente, no saber ni modular la voz.
Lo mejor de la tercera es la muerte de Michael, ya viejo, solo, sin poder, temido y no querido, en la casa de don Tommasino, en Sicilia...

PD Se me olvidan un punto fuerte de la peli y una curiosidad para frikis:
  • La banda sonora, todo un clásico del género, está compuesta por Nino Rota.
  • En El padrino II el papel de Hyman Roth (un adversario de Michael) está interpretado por el mismísimo Lee Strasberg, en su día maestro de los tres padrinos (entre otros): Marlon Brando, Al Pacino y Robert de Niro.

6.9.06

Celuloide contra Thatcher

Las ideas de Margaret Thatcher respecto a la industria pesada y las minas del Reino Unido dieron lugar al cierre de la siderurgia y de muchas explotaciones de carbón... y años más tarde a algunas películas que mostraban la consecuencia de estas políticas. Pero una crítica político-social que no venga sostenida por una historia es un panfleto...

Full Monty
Sheffield. La siderúrgica cerró, dejando a muchos obreros sin cualificar en la calle. Uno de ellos, un pendón verbenero, necesita pagar una cuantiosa pensión para poder ver a su hijo. Tal es su desesperación, que se le ocurre un plan, en apariencia descabellado, para los planes que persigue: se convierte en stripper, y convence a otros cinco para que también lo hagan.

La película tiene escenas divertidas (como la del video, que es la de la cola del paro), aunque tiene un trasfondo muy triste... y un final esperanzador.

Esta película fue todo un fenómeno social: diversos colectivos hacían full monties para reivindicar las causas más diversas. En España se rodó, en la misma línea pero con menos éxito, Se buscan fullmonties: la escribieron inspirados por un anuncio del periódico que buscaba exactamente eso... ¿o algo más?

Billy Elliott
Norte de Inglaterra. Hay una gran huelga de mineros ante la posibilidad de que cierren la fuente de riqueza de la zona. En este entorno vive Billy Elliott, que descubre que le gusta más y se le da mejor bailar que boxear. Tanto es así, que lo considera como una posibilidad vital... si su padre se lo permite.

La escena del video es aquella en la que intenta convencer a su padre con bellos argumentos.

Es una película más tierna que cómica, pero recomendable si gustan las de baile.

Brassed off (Tocando el viento)
La mina está a punto de cerrar, pues no es viable. ¿Qué pasará entonces con la banda de la mina? ¿Quién es la chica nueva que toca el trombón? ¿Qué ha venido a hacer? ¿Ganará la banda el concurso nacional de bandas de minas?

Un entretenimiento simpático, aunque se hace un poco raro ver una banda que no toca pasodobles...

2.9.06

Alatriste

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
En primer lugar, debo decir que yo no estaba familiarizada con el personaje creado por Arturo Pérez-Reverte, por lo que llegaba totalmente de nuevas a ver una película de capa y espada. Sí sabía que Diego Alatriste (Viggo Mortensen) era un excombatiente del tercio de Flandes durante las guerras imperiales que España libró por aquellos gélidos lares. Ya de vuelta al Madrid del siglo XVII, vive como mercenario para el mejor postor en trabajitos del más diverso pelaje y se granjea amistades y, sobre todo, enemistades. Sin embargo, en su última misión a Flandes -y que es la primera secuencia de la película-, un compañero muere y le encomienda el cuidado de su hijo, Íñigo de Balboa, del que su padre quería hacer un bachiller, y no un soldado (la vida se encarga de ayudarnos a opinar).

No quiero destripársela a nadie, así que...
Lo mejor: Las escenas de peleas y batalla (aunque en cierta acometida ecuestre da la impresión de que faltan caballos), auténtica cruz del cine español; la recreación histórica (lo que incluye un inmisericorde retrato social de la España de entonces) y la fotografía tenebrista, a la manera de la pintura de la época; el personaje de Alatriste -especialmente su relación con la actriz María de Castro-; Quevedo (interpretado por Juan Echanove, lo que regala algún estupendo recitado); la interpretación de Javier Cámara (el conde-duque de Olivares), Enrico lo Verso (Malatesta) y Eduard Fernández (Sebastià Copons).
Lo peor: Pasa a vuelapluma por los cinco libros de la serie, de manera que a veces queda como deshilada.