23.1.07

Cine amarillo

No, no voy a hablar de la eclosión del cine chino, ni a hacer una retrospectiva de Kurosawa, porque, en esos casos, decir amarillo sonaría pelín racista. La cosa va, más bien, de sensaionalismo y muertes truculentas que se trasladan a la gran pantalla.

El caso Litvinenko, desde luego, no se ha hecho esperar, hasta el punto de que hay hostias para ver si el espía será Johnny Depp o Daniel Craig (el último Bond). También está el caso de la miss infantil que fue asesinada y a los diez años pillaron a uno que parece que no fue el asesino: la familia vendió los derechos de la historia para pagar la defensa.

Cierto que los periódicos pueden ser una fuente de historias increíble: en Hable con ella Almodóvar refleja dos historias que a mí también me impresionaron en su día: un celador que violaba a una comatosa y la dejaba embarazada por un lado y una persona en coma que despertaba tras una pila de años por otro.

Pero este fijarse tan a saco en asuntos tan truculentos y tan calientes (el de Litvinenko todavía arde en las manos de, por ejemplo, Vladimir Putin, que ya se ha debido de acostumbrar a usar guantes de amianto) ¿es más amigo de las taquillas o del cine de verdad? A lo mejor servidora es demasiado emocional y prefiere un esqueleto (la noticia) que se vaya recubriendo con tejidos, sistema circulatorio y nervioso, etcétera, porque para dramatizaciones, francamente, tiene suficiente con las noticias de después de cenar...