No, no voy a hablar de la eclosión del cine chino, ni a hacer una retrospectiva de Kurosawa, porque, en esos casos, decir amarillo sonaría pelín racista. La cosa va, más bien, de sensaionalismo y muertes truculentas que se trasladan a la gran pantalla.
El caso Litvinenko, desde luego, no se ha hecho esperar, hasta el punto de que hay hostias para ver si el espía será Johnny Depp o Daniel Craig (el último Bond). También está el caso de la miss infantil que fue asesinada y a los diez años pillaron a uno que parece que no fue el asesino: la familia vendió los derechos de la historia para pagar la defensa.
Cierto que los periódicos pueden ser una fuente de historias increíble: en Hable con ella Almodóvar refleja dos historias que a mí también me impresionaron en su día: un celador que violaba a una comatosa y la dejaba embarazada por un lado y una persona en coma que despertaba tras una pila de años por otro.
Pero este fijarse tan a saco en asuntos tan truculentos y tan calientes (el de Litvinenko todavía arde en las manos de, por ejemplo, Vladimir Putin, que ya se ha debido de acostumbrar a usar guantes de amianto) ¿es más amigo de las taquillas o del cine de verdad? A lo mejor servidora es demasiado emocional y prefiere un esqueleto (la noticia) que se vaya recubriendo con tejidos, sistema circulatorio y nervioso, etcétera, porque para dramatizaciones, francamente, tiene suficiente con las noticias de después de cenar...
El caso Litvinenko, desde luego, no se ha hecho esperar, hasta el punto de que hay hostias para ver si el espía será Johnny Depp o Daniel Craig (el último Bond). También está el caso de la miss infantil que fue asesinada y a los diez años pillaron a uno que parece que no fue el asesino: la familia vendió los derechos de la historia para pagar la defensa.
Cierto que los periódicos pueden ser una fuente de historias increíble: en Hable con ella Almodóvar refleja dos historias que a mí también me impresionaron en su día: un celador que violaba a una comatosa y la dejaba embarazada por un lado y una persona en coma que despertaba tras una pila de años por otro.
Pero este fijarse tan a saco en asuntos tan truculentos y tan calientes (el de Litvinenko todavía arde en las manos de, por ejemplo, Vladimir Putin, que ya se ha debido de acostumbrar a usar guantes de amianto) ¿es más amigo de las taquillas o del cine de verdad? A lo mejor servidora es demasiado emocional y prefiere un esqueleto (la noticia) que se vaya recubriendo con tejidos, sistema circulatorio y nervioso, etcétera, porque para dramatizaciones, francamente, tiene suficiente con las noticias de después de cenar...


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