Es posible que me equivoque, pero creo que Nueva York es, junto a París, una de las ciudades más filmadas del globo. Viajar allí es encontrarte tantos sitios que has visto en la pantalla, que casi te resulta familiar.
Para empezar, casi toda la filmografía de Woody Allen se ambienta en Nueva York. Ahí tienes unas cuantas así, de golpe. Por ejemplo, en Broadway Heights Annie Hall y Alvy Singer se extasiaron viendo el puente de Brooklyn; en ciertas zonas de Central Park podías recordar escenas de Poderosa Afrodita (aunque, vaya, cuando yo fui estuviera en obras) o bajo un emparrado, de Manhattan. Puedes recuperar escenas de Hannah y sus hermanas en el Metropolitan Opera House o la universidad de Columbia, y tus ojos querrán pasear por las fachadas, aunque quieras saltarte alguna.
Pero no sólo de Woody Allen vive el cinéfilo. Por la quinta avenida una se encuentra con Tiffany, donde, vaya por dios, no sirven cruasanes, ni siquiera de diamantes. En la calle 57 Oeste una se encuentra el mítico Russian Tea Room, que reabrió el mes pasado. El entusiasmo se disipa si una lee los precios, pero hay que considerar que aquí transcurre (entre otras) una escena de Tootsie, aquélla en la que Dustin, perfectamente travestido, aborda a su amigo (Sidney Pollack); esta escena ya la había puesto en práctica con su compañero de Midnight Cowboy John Voight fuera de cámara, y así supo Mr Hoffman que el disfraz era perfecto.
En Washington Square, junto al arco del triunfo (y cerca de la casa de Henry James) se separaron Harry y Sally después de un viaje de 18 horas desde el Medio Oeste. Muchos años más tarde se encuentran ya para siempre cerca de Times Square, una Nochevieja (en la costa Este de los EEUU ven cómo cae una bola en lo alto de un edificio de Times Square para recibir el año nuevo); lamentablemente, no encontré el famoso diner donde Meg Ryan finge uno de los orgasmos más célebres de la historia del cine (la verdad, no he vuelto a ver una peli de Meg Ryan que me guste, y no porque sea una mala actriz, pero es que le mandan guiones con encaje rosa).
Uno puede seguir los pasos de Cary Grant desde la ONU (donde no han cambiado la decoración ni el linóleo del suelo desde entonces), hasta la estación Grand Central, aunque una no tenga a bien ponerse gafas oscuras.
Podemos acompañar por Park Avenue a Al Pacino y Chris O'Donnell desde el Waldorf Astoria hasta cierto concesionario de deportivos. O, de Al Pacino a Robert de Niro, pasear por Little Italy mirando las azoteas por las que circuló Don Corleone cuando marcó su territorio en el barrio y empezó a convertirse en El Padrino.
Para los amantes del cine de terror o de Roman Polanski, se puede llegar hasta la puerta del Dakota, donde el portero de librea no te dejará entrar...
Lamentablemente, el West Side ha cambiado tanto y yo bailo tan mal, que un paseo por ahí no recordaría a la peli ni en mis sueños... pero, por fortuna, los adoquines tienen el tamaño suficiente para no pisar los bordes, como Jack Nicholson...
Me dejo muchas películas, y seguramente muchos rincones. Pero nadie dice que no podamos seguir viendo películas. Ni viajando...
Para empezar, casi toda la filmografía de Woody Allen se ambienta en Nueva York. Ahí tienes unas cuantas así, de golpe. Por ejemplo, en Broadway Heights Annie Hall y Alvy Singer se extasiaron viendo el puente de Brooklyn; en ciertas zonas de Central Park podías recordar escenas de Poderosa Afrodita (aunque, vaya, cuando yo fui estuviera en obras) o bajo un emparrado, de Manhattan. Puedes recuperar escenas de Hannah y sus hermanas en el Metropolitan Opera House o la universidad de Columbia, y tus ojos querrán pasear por las fachadas, aunque quieras saltarte alguna.
Pero no sólo de Woody Allen vive el cinéfilo. Por la quinta avenida una se encuentra con Tiffany, donde, vaya por dios, no sirven cruasanes, ni siquiera de diamantes. En la calle 57 Oeste una se encuentra el mítico Russian Tea Room, que reabrió el mes pasado. El entusiasmo se disipa si una lee los precios, pero hay que considerar que aquí transcurre (entre otras) una escena de Tootsie, aquélla en la que Dustin, perfectamente travestido, aborda a su amigo (Sidney Pollack); esta escena ya la había puesto en práctica con su compañero de Midnight Cowboy John Voight fuera de cámara, y así supo Mr Hoffman que el disfraz era perfecto.
En Washington Square, junto al arco del triunfo (y cerca de la casa de Henry James) se separaron Harry y Sally después de un viaje de 18 horas desde el Medio Oeste. Muchos años más tarde se encuentran ya para siempre cerca de Times Square, una Nochevieja (en la costa Este de los EEUU ven cómo cae una bola en lo alto de un edificio de Times Square para recibir el año nuevo); lamentablemente, no encontré el famoso diner donde Meg Ryan finge uno de los orgasmos más célebres de la historia del cine (la verdad, no he vuelto a ver una peli de Meg Ryan que me guste, y no porque sea una mala actriz, pero es que le mandan guiones con encaje rosa).
Uno puede seguir los pasos de Cary Grant desde la ONU (donde no han cambiado la decoración ni el linóleo del suelo desde entonces), hasta la estación Grand Central, aunque una no tenga a bien ponerse gafas oscuras.
Podemos acompañar por Park Avenue a Al Pacino y Chris O'Donnell desde el Waldorf Astoria hasta cierto concesionario de deportivos. O, de Al Pacino a Robert de Niro, pasear por Little Italy mirando las azoteas por las que circuló Don Corleone cuando marcó su territorio en el barrio y empezó a convertirse en El Padrino.
Para los amantes del cine de terror o de Roman Polanski, se puede llegar hasta la puerta del Dakota, donde el portero de librea no te dejará entrar...
Lamentablemente, el West Side ha cambiado tanto y yo bailo tan mal, que un paseo por ahí no recordaría a la peli ni en mis sueños... pero, por fortuna, los adoquines tienen el tamaño suficiente para no pisar los bordes, como Jack Nicholson...
Me dejo muchas películas, y seguramente muchos rincones. Pero nadie dice que no podamos seguir viendo películas. Ni viajando...


1 comentarios:
Hia . Por cierto, la sede de la ONU de Con la muerte en los talones no fue filmada en realidad en la ONU. Como estaba prohibido lograron entrar una camara de fotos para, a partir de instantaneas, crear un decorado exactamente igual a la original, ¿curioso, eh?
Saludos y feliz año a todos
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