28.2.07

¿Existe el cine nacional?

Si algo ha habido en los oscars de este año, han sido mexicanos: Cuarón y su Tierra de hombres, Iñárritu con Babel y Guillermo del Toro y El laberinto del fauno. Como servidora tiene sus conocimientos en Nueva España (casi todos vía Barbas, todo hay que decirlo), ha sabido de una opinión bastante generalizada respecto a esta eclosión del cine mexicano: pero es que ésos no hacen cine mexicano. Al margen de cierta característica nacional que compartimos españoles y mexicanos (hundir, al menos verbalmente, al que triunfa), surge una pregunta: ¿existe el cine nacional?

Algunas cosas sí son características propias, como el cocinar con cebolla o no: en el cine francés te pueden contar soberanas fumadas y todavía quedar bien o en el cine indio hay números musicales y melodramas a tutiplén; hay quien dice que el cine español es de guerra civil y postrimerías y niño con despertar sexual (El laberinto del fauno tiene capital español, trata del maquis y la protagonista es una niña...).

Está claro, pues, que hay ciertas características habituales en las cinematografías de los distintos países, pero si un director, independientemente de su nacionalidad, hace una película buena, ¿deja de lado sus características sociales y, digamos, patrias para pertenecer a una comunidad distinta, no necesariamente más amplia?

¿Quién limita este canon? ¿En ningún caso puede cambiar? ¿O no se asimila el nuevo cine mexicano al antiguo por la acogida que tiene?

27.2.07

Dos fotos de Oscar

Todos los años la ceremonia ésta da lugar a muchos comentarios; yo voy a guardar la plumilla y tirar de fotos...
Es largo el camino de Almería a Los Angeles... Ennio Morricone (Oscar honorífico por su larga carrera) y Clint Eastwood (mi querido Clint) pueden dar fe de ello...
Muy sutiles los de Hollywood: a Roberto Begnini se lo dio Sofia Loren; a ¡Pedro!, Pe y Tony Flags; ¿se olería la tostá Martin Scorsese cuando vio en el escenario a sus coleguitas -y no sólo por lo profesional- Coppola, Spielberg y Lucas?

25.2.07

Scorsese y los Oscar

Dice Di Caprio que parece mentira que Scorsese no se haya llevado nunca el Oscar, vista su carrera. Y aparte de que a lo mejor no lo hace por ganar el Oscar (porque entonces haría cosas más convencionales y dulzonas), no hay duda de que a nadie le amarga un dulce y que, como mínimo, se lo merece...

Podemos, por otro lado, estar de acuerdo en que Martin ya no es el que era y que Casino revisita Uno de los nuestros, y que si no se lo dieron por las de antes por qué se lo iban a dar por las de ahora, pero el que tuvo retuvo y guardó para la vejez, y Scorsese es, después de Clint Eastwood y junto a Woody Allen, de lo mejorcito que holla el cine gringo, y el cine actual en general.

19 veces nominado, ¿cantará victoria este año, o seguirá yendo a ver cómo se lo lleva otro, del que acaso no nos acordemos de aquí a cinco años? Se admiten apuestas...

21.2.07

Hair

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
En los años 70 en Hollywood se dieron cuenta de que había musicales que podían acabar mal (véase Cabaret, Jesucristo Superstar o All that jazz (Comienza el espectáculo)). Quizás tuvo que ver con la dichosa guerra de Vietnam, que empezó como un juego, y no lo fue; acaso los musicales perdieron la inocencia, como buena parte de la población estadounidense, tras lo que fue posible que los musicales acabaran mal: con los nazis en el poder, Cristo en la cruz mientras Judas se va en un autobús de quinta categoría con el resto del reparto y el coreógrafo la palma tras una operación y va raudo a los brazos de Jessica Lange, por seguir los ejemplos ya puestos.
Claude Hooper Bukowski (y me niego a creer que no son intencionados ni el Hooper ni el Bukowski) es un chico de Oklahoma llamado a filas para combatir en Vietnam: a tal efecto, se traslada a Nueva York donde, en Central Park, se encuentra con unos hippies muy despreocupados que ya quemaron su cartilla de reclutamiento y con los que, por circunstancias, se queda, también atraído por una chica bien, Sheila Franklin (Beverly D'Angelo).
Aunque le intentan convencer de que deserte, Claude se alista (el número de la revisión militar es buenísimo) y lo mandan a entrenar a Nevada. Sus amigos, a raíz de una carta que escribe a Sheila en la que le explica lo que ya hemos visto, que aquello es muy chungo, van hasta Nevada a verlo; el líder del grupo, Berger, consigue meterse en el campamento y suplantar a Claude para que vea a sus amigos... con la peor suerte del mundo: justo en ese rato se moviliza ese regimiento y Claude se queda en tierra, mientras Berger, un hippy sin el menor entrenamiento, va caminito al cementerio de Arlington con parada técnica en Indochina.

Y, de alguna manera, esta peli, aparentemente tan desenfadada, habla de la pérdida de inocencia no ya de una generación, sino de los EEUU al completo, que se metieron en una guerra como en un juego, igual que Berger se mete en el campamento, y salen trasquilados.

Estéticamente está muy cuidada y la música es punterísima (sobre todo, si te gusta el rollo setentero). Como curiosidades de la producción, parece que de la obra de Broadway a la peli hay un cambio bestial (vamos, que ni la misma trama, ni casi las mismas canciones, y conserva el título yo creo que por atraer público, vamos), y que al casting se presentaron dos perfectos desconocidos llamados Madonna y Bruce Springsteen.

Una buena película que, a pesar del final triste deja un buen sabor de boca. No en vano dirige Milos Forman.