No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.Una de las cosas más de agradecer en esta película de Nanni Moretti es la falta de estridencias, alharacas y aspavientos, máxime cuando el tema que trata es tan duro como la muerte de un hijo. Obviamente, hay momentos en los que se puede empatizar con los personajes, pero, salvo una escena -corta- en la que la madre grita de dolor tumbada en la cama, en general los personajes lloran en silencio.
Esta chica introduce una escena no por más sutil menos conmovedora, y que da título, probablemente, a la peli: las fotografías que el hijo se hizo en su habitación. De nuevo, sin alharacas ni estridencias. Al final, a falta de un conductor amable, el propio Giovanni lleva a los chicos de Ancona al primer pueblo de Francia; toda la familia (mujer e hija) va con él, en un raro momento de cohesión familiar que llevaban rato sin compartir.



