15.2.10

La cinta blanca

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Que me aspen si La cinta blanca habla del nazismo, como dicen tantas sesudas críticas que pululan por internet: la acción se ubica en 1913, cuando es impensable hablar de nazismo, pues ni el Tratado de Versalles ha humillado a Alemania, ni el crack del 29 le ha puesto la puntilla. Pero ya se sabe que una película que transcurra en Alemania en el siglo XX, y más si hay una guerra por medio, está relacionada con el nazismo, como si el mundo entero hubiera sido un remanso de paz hasta 1933 ó 1939.
En realidad, nos hablan de violencia inexplicable y gratuita. ¿Cuál es el verdadero origen de la violencia contra el prójimo? ¿El rencor? ¿La venganza? ¿El Antiguo Régimen y sus consecuencias (que en Europa empiezan a difuminarse con la guerra del 14)? ¿El tedio? Hay tantas respuestas a esta pregunta como espectadores puede tener esta película. Pero a todos nos gusta ver en el nazismo la cristalización del mal, como si con ello pudiéramos eximirnos de cuantas cabronadas podamos infligir al prójimo.
Al margen del trasfondo filosófico de esta película, a mi entender, deudor del Thomas Mann de La montaña mágica, aunque más ligero en las formas, tenemos una película morosa de los detalles, contenida en un universo opresivo que a algunos podrá evocarles a Bergman, aunque muestre un universo próximo a Los santos inocentes, por rara que pueda sonar la similitud entre Brandenburgo en los diez y la Extremadura profunda en los sesenta. Nada sobra en esta película de dos horas y media (que se pasan volando) y, para el espectador atento, nada falta: entre otras cosas, en ocasiones la imaginación puede ser más violenta que la imagen más sangrante; y esto, en buena parte, es lo que quiere decirnos Michael Haneke.

13.2.10

La carretera

No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Tras un parón de casi un mes -un mes sin ir al cine, de hecho- por motivos académicos, hoy hemos vuelto a meternos en uno a ver La carretera, película apocalíptica que, sin embargo, deja el buen sabor de boca que sólo te deja el buen cine.
Basada en la novela homónima de Cormac McCarthy, nos cuenta la historia de un hombre y su hijo (estupendo Viggo Mortensen y un hallazgo Kodi Smit-McPhee) que intentan sobrevivir tras una hecatombe global, en un mundo que hace un chiste de la frase de Plauto "el hombre es un lobo para el hombre".
Lo peor que se puede decir de esta película es que te oprime el alma al mostrarte los avatares de padre e hijo en un mundo donde el canibalismo es una práctica extendida de subsistencia, que si estás depre, no es tu película. Ahí se acaba en realidad lo negativo; lo positivo es, aparte de las interpretaciones de Viggo y Kodi, el resto de actores, la fotografía de Aguirresarobe (todo es gris, aunque se distingan algunos colores), el guión, el suspense constante que te agarrota el estómago; que no sepas que está pasando como tampoco ellos lo saben, y descubras el horror a la vez que ellos. Lo que más me gusta (aunque suene cursilón destacarlo en una peli sin la menor sensiblería) es esa asociación de humanidad con fuego interior, al fin y al cabo, los hombres, frente a las bestias, son los únicos que pueden hacer fuego.

Es de esas pelis que te dejan pensando durante mucho tiempo, aunque hables de otra cosa o digas alguna chorrada por romper la tensión en que te deja; de hecho, es al escribir esta entrada cuando he encajado el final en el conjunto de la obra; en los próximos días probablemente se me ocurran cosas que harían que este post se escribiera de otra forma, pero seguramente en todos los casos terminaría la entrada así: id a verla.