No leer si no se ha visto y se está interesado en verla: puede contener algunos spoilers.
Lo más destacable son las actuaciones. No todas (porque Brad Pitt no es el mejor actor del censo, si bien ha mejorado mucho desde Thelma y Louise y acierta a poner acento sureño), pero sí la del coronel Landa (hay unanimidad con el trabajo de Christoph Waltz, es un personaje escalofriante que da para mucho mucho más), Diane Kruger, que da vida a la actriz Bridget von Hammersmark (que, como los malditos bastardos que dan título a la película, debería ser un personaje mucho menos importante), Daniel Brühl, que da vida al fantasmón nazi que se dedica a fardar de sus hazañas bélicas, y el personaje que más me ha gustado, aunque pueda tener algo de ripio: Mélanie Laurent como Shosanna Dreyfus; de verdad que esta historia daba para mucho más, Tarantino, que el rollo pseudowestern con nazis que te has montado una vez más (no bastaba con el sushi western de Kill Bill, ahora quiere un chucrut western).
No es tan mala como esperaba: tiene escenas de gran tensión dramática, aunque decae a mitad de la película, porque la trama tiene sus puntos flacos, pero los fans incondicionales de Quentin Tarantino comulgarán con sus ruedas de molino y los que no le vemos todo el chiste, seguiremos pensando que tiene ese punto fantoche que su autoconcepto le impide abandonar.
Por último, resaltar lo osado de no rodar -ni mucho menos- toda la película en inglés; los alérgicos al subtítulo habrán sufrido con tanta lectura sobrevenida; los que prefieren el doblaje se perderán la otra gran baza sutil de Malditos bastardos.
