28.7.06

Comedias con adjetivo

El cine tiene que ver con el entretenimiento, y, dentro de los géneros, el de la comedia tiene cierta preeminencia, entre otras cosas porque para amargarse ya está la vida. Sin embargo, cuando les añadimos adjetivo, los resultados suelen ser diversos, y no siempre buenos. He aquí un breve inventario de los diversos tipos de comedia que pululan por nuestras pantallas, grandes y chicas:
  • Comedia hormonada. Sólo tiene gracia cuando tienes entre trece y quince años. Un clásico de este tipo es la saga Porky's o American Pie. Se distingue por guiones por demás absurdos (como la de La chica de al lado, sobre una estrella porno que se hace vecina de un adolescente perdedor y con granos), chicas con poca ropa, vocabulario procaz y relativo al sexo, y sólo pueden verse con coetáneos, nunca con tus padres. Este tipo de pelis es eterno, porque siempre habrá adolescentes.

  • Comedia romántica. En realidad, sólo es comedia porque suele acabar bien, pero por lo general sólo contiene uno o dos chistes a lo largo de la cinta, y no siempre tienen gracia. Sin embargo, hay honrosas excepciones, como Cuando Harry encontró a Sally o incluso Cuatro bodas y un funeral. Suelen estar protagonizados por Meg Ryan o Julia Roberts, quienes, por cierto, me ponen negra.

  • Comedia de acción, en la variante cachitas que hace gracia (las de Chuachenéguer, por ejemplo) o en la variante patoso se mete en berenjenal, donde Martin Lawrence, con esa gracia inexistente que Dios le dio, hace el tonto durante dos horas a seis euros la entrada. Las odio, ¿se nota?

  • Comedias que parodian otras películas. Los Zucker-Abrahams iniciaron este tipo con Aterriza como puedas, Hot Shots, Top secret o incluso Baseketball. Hay que tener cierto ánimo para verlas, y tener en cuenta que no todas tienen la misma gracia.

  • Comedias inteligentes. Hoy se hacen pocas, pero clásicas hay un montón: Historias de Filadelfia es un precioso ejemplo de ello. Yo incluiría aquí las de Woody Allen, al menos las primeras y aquellas en las que no homenajea a Ingmar Bergman.

  • Comedias involuntarias. Éstas se dan la mano con la tragedia: cuando los efectos son un desastre, la trama una memez sin paliativos y los actores pedazos de carne con ojos, cuando, en definitiva se busca otro género y se encuentra la comedia, para horror del productor...
En fin, seguro que encontráis más, e incluso varios ejemplos de cada una...

12.7.06

Michelle Pfeiffer (y su molesta decisión)

Hace años cogí manía a esta estupenda actriz porque decidió hacer sólo filmes que pudieran ver sus hijos.
Empezó a hacer no muchas películas, ni muy buenas, en el mejor de los casos, pasables. Así, se me ocurre que sus hijos quizás no quieran ver jamás Historia de lo nuestro (The story of us, Rob Reiner, 1999), más que nada porque entre ver a su madre hacer cosas chocantes y aburrirse mortalmente, probablemente prefieran lo primero.
De todos modos, si una revisa su filmografía, se dará cuenta de que tiene algún taquillazo que otro, pero que, salvo Lady Halcón, Las amistades peligrosas y La edad de la inocencia, esta chica tiende al dramón para ver después de comer. Vale, están Batman vuelve, Scarface (el precio del poder) o El año que vivimos peligrosamente, pero la cabra acabó tirando al monte y haciendo marujadas de alto presupuesto. En fin, una pena.

9.7.06

Un finde con Indy

No leer si no se han visto y se está interesado en verlas: puede contener algunos spoilers.
Este fin de semana me he regalado una sesión triple de Indiana Jones. No es lo mismo ver la trilogía con quince años que con treinta, pero hay que admitir que ha resistido el paso del tiempo bastante bien -amén de que se nota alguna que otra transparencia-. Así que hoy voy a hablar de mi héroe de adolescencia, Henry Indiana Jones, doctor en arqueología.

Indy, a pesar que de todo sabe seis, y en las lenguas más dispares, en realidad se comporta más como un ladrón de tumbas que como un académico. Para tres encargos gordos que tiene (el arca de la alianza, las piedras de Sankara y el Santo Grial), sale con las manos vacías y hecho un ecce homo.
El cartel de En busca del arca perdida, con sus dobleces.
La trilogía de Indiana Jones es un intento de George Lucas y Steven Spielberg por recuperar las viejas pelis de aventuras, con malos malísimos, un bueno que es tan bueno que supedita la salvación al personal a su carrera -y que es Harrison Ford en sus mejores días- y aventuras por los cuatro continentes (que en Oceanía nunca se le ha visto). Siempre tiene un sidekick y una chica, aunque en En busca del arca perdida ambas funciones coinciden.
En la citada peli del arca se encuentra con un encargo más o menos oficial para ir a buscar el Arca de la Alianza que aparece en el Antiguo Testamento; en la del templo maldito le cae un marrón de manual, cuando, huyendo de unos mafiosos chinos, cae en una aldea india devastada porque les han robado una piedra mágica; en la tercera, por ir a buscar a su padre, que ha desaparecido, se encuentra con el copón bendito, literalmente. Porque sus misiones, más o menos buscadas, tienen que ver con elementos sagrados de los que intentan beneficiarse organizaciones sin escrúpulos para dominar el mundo. Y aunque Indy es un descreído, allá se lanza, sin red. Si se puede llevar la reliquia, mejor que mejor. Si no, ni modo.
Entre unas cosas y otras, gracias a la pericia de Indy, la magia de las joyas arqueológicas se vuelve contra los malvados imperialistas; para el caso, tampoco Indy se las podrá quedar: el gobierno deja el arca pendiente de estudio en un almacén petado; devuelve la piedra Sivalinga a la aldea de la que fue robada y el grial se pierde en la sima para que venga cualquier Dan Brown de medio pelo a forrarse con él.
A Indy le han surgido también algunos imitadores: después de la del templo maldito, sacaron una película con Richard Chamberlain (El pájaro espino) y una jovencísima Sharon Stone: Quatermain y las minas del rey Salomón. Un héroe a la usanza de Indy -aunque el conocimiento lo ponía la chica- lo trajeron con La momia, que también era un remake, aunque Arnold Vosloo no sea Boris Karloff. Hicieron la segunda parte y una precuela, y no siguieron dilatando la idea.
Curiosidades
  • En todas hay un guiño a Star Wars: el avión que salva a Indy en el Amazonas en En busca del arca perdida tiene por matrícula 3-CPO (como C3PO, o casi); el club del principio del templo maldito se llama Obi-Wan; en la fiesta de Donovan suena la música del western galáctico, en la última cruzada.
  • En En busca del arca perdida hay un guiño a El diablo sobre ruedas cuando ve el camión por el retrovisor (¿el mismo director? Esa escena fue rodada por uno de los asistentes, si he entendido bien los extras).

  • Harrison Ford se llevó´a la mujer de Spielberg en el rodaje del templo maldito; a cambio, Spielberg se quedó a la chica de Indy y se casó con ella. (Vale, esto es cotilleo...)

  • Spielberg deseaba hacer una peli de Bond, pero no le dieron el proyecto: se resarció en la última cruzada: Connery había sido 007, Alison Doody había sido chica Bond y Julian Glover había sido villano Bond. Si Bond no va a la montaña (del juego, tal significa el apellido de Stevie), la montaña va a Bond...

  • Curioso el guiño al arca perdida en la última cruzada: hasta Johnny Williams introdujo tres compases de la banda sonora de 1981.

  • Se supone que al comienzo de la última cruzada nos cuentan por qué odia las serpientes, por qué se hizo la cicatriz (obviamente no fue un latigazo, sino un accidente de coche) y de dónde sacó su sombrero. Harrison Ford eligió a su yo adolescente: River Phoenix, que fue su hijo en La costa de los mosquitos. El perro de la raza Alaska Malamute que aparece es de la misma raza que Indiana, un perro que tuvo George Lucas, y que bautizó a Indy. Como dice Sallah, le llamaron como al perro.
No sé si es el látigo, el cuero, el doctorado o la cara de Harrison Ford...
  • La escena en que papá Jones espanta a las gaviotas (que en realidad son palomas, porque las gaviotas no hay Cristo que las adiestre, con o sin grial) fue rodada en Cabo de Gata, Almería, España.

  • Las escenas del cañón de la media luna y la cueva del grial se rodaron en Petra, Jordania, con el permiso y apoyo de Hussein y Noor de Jordania; la prensa, con bastante mala uva, difundieron el bulo de un rollo entre Noor y Sean Connery (esto lo leí en la memorias de la reina Noor).

  • Spielberg hizo su incursión en el musical con la escena inicial del templo maldito. Aunque no lo parezca, se resarce en El color púrpura. También en el palacio de Pankot hay número de baile, aunque no sea exactamente Bollywood.

  • Todas comienzan con una montaña igual que la de la Paramount: una en Sudamérica, otra en el gong chino y la tercera en Utah.
Acabo este luengo post con un trailer de la edición en DVD de la trilogía. Al loro, que sale mi escena favorita, con el Indy en plan Lawrence de Arabia en el pozo de almas y la luz del sol iluminándole la cara...


Este pack me lo regaló mi Barbas en el primer cumpleaños que tuve viviendo juntos. ¿Casualidad? Lo sacaron antes un día o dos antes del cumple...

6.7.06

Pequeñas herejías de celuloide

Cuando una se acuerda de los pollos que se montaron con La última tentación de Cristo de Scorsese, La vida de Brian de los Monty Python o, más recientemente, El código da Vinci de un tándem del que mejor ni me acuerdo, piensa, ¿cómo pasaron dos pequeñas herejías, relacionadas con el dogma, en estas películas?

Superman
Aunque tiene el atenuante de que su planeta está a punto de pasar a la historia de la astronomía, el papá de Supermán, encarnado por Marlon Brando, manda al joven Superbaby a la tierra con el eslogan os envío a mi único hijo. Ahí es nada. No sé si podemos hablar del Altísimo, porque ignoro cuánto medía el bueno de Marlon, pero ahí, mandando en forma de estrella de Belén a su unigénito a la Tierra, donde hace el bien... ¿dónde he oído esto antes? Se lo encuentran dos amables granjeros (el padre putativo es aquí nada menos que Glenn Ford, famoso por abofetear a Gilda) que lo crían como a un niño normal... Si llega a caer en Tel Aviv, ¿habrían considerado algunos la llegada del Mesías?

Star Wars I: la amenaza fantasma
Anakin Skywalker es hijo de madre soltera. Es un pequeño esclavo en el planeta de Tatooine (secuencias rodadas en Túnez, en el mismo set en el que se rodó la vida de brian). Un día llega un jedi con una chica muy mona y un androide que hace ruido, y la madre de Anakin, (Pernilla August, habitual en pelis de Ingmar Bergman) confiesa al jedi (Liam Neeson) la partenogénesis del chaval: no hubo padre, lo engendraron los midiclorianos. ¿Así se llama el espíritu santo, en la era tecnológica?
¿En qué pensaba el gabinete de prensa de la iglesia ante dos alusiones tan directas? Eso sí que es un misterio, y no el de la Santísima Trinidad...